El peligro de la letra pequeña y el experimento de F-Secure

A la hora de firmar cualquier tipo de contrato, es esencial que prestemos mucha atención a todos y cada uno de los puntos que figuran en él pero, aun así, todavía no estaremos todo lo protegidos que deberíamos, ya que existe una telaraña de la que se valen algunas empresas que es conocida como la letra pequeña. A continuación hablaremos sobre el tema centrándonos en un experimento de F-Secure que demuestra el riesgo que corremos al no prestar atención a estas condiciones.

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El peligro de la letra pequeña y el experimento de F-Secure

El problema de la letra pequeña

Por una cosa o por otra, a la mayoría de todos nosotros alguna vez nos han “metido la anchoa” con la puñetera letra pequeña en los contratos.

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Es evidente que cada empresa debe pensar en sí misma y buscar mantenerse en el negocio pero, ¿realmente vale la pena hacerlo con sistemas poco éticos y de dudosa moralidad como intentando esconder las cláusulas más polémicas con letra reducida? Al parecer sí, y a muchos les ha funcionado.

Por suerte, en la actualidad, el Derecho nos protege frente a parte de estos actos, y es que aunque firmemos un contrato con una cláusula desproporcionada, al tratarse de cláusulas abusivas, existen muchas posibilidades de que consigamos resolverlo, pero no sin dolores de cabeza, ya que, no nos engañemos, firmar se hace en un segundo, pero reclamar puede incluso suponer meses o años de gastos y preocupaciones innecesarias.

En este sentido, muchas empresas han querido dar la vuelta a la tortilla, y como sistema de marketing utilizan el concepto de ofrecer “contratos claros”. No obstante no debemos confiarnos, ya que muchas veces también puede tratarse de un reclamo para que volvamos a picar como pardillos, ya que vamos más despreocupados.

El experimento de F-Secure

Pero vamos a lo que nos ocupa en este tema, que no es otra cosa que el experimento de F-Secure, una empresa de seguridad que buscaba un método para que la gente fuese consciente del peligro que corremos si no leemos la letra pequeña de un contrato antes de firmar.

El proceso fue el siguiente; se estableció un punto de Wi Fi gratuito al que cualquiera podía conectarse, pero para ello era necesario firmar un simple papel, después de lo cual, nos daban acceso.

Todo muy sencillo, y nada hace pensar que se trataba de una trampa. Al fin y al cabo, tan sólo se trata de un registro, y me regalan algo a cambio… ¡Pues qué bien!

Pues nada más lejos de la realidad, porque este tipo de ofrecimientos pueden incluir algunas cláusulas muy peligrosas como el hecho de consentir el envío de publicidad o, como en este caso, la obligatoriedad de entregar a nuestro primogénito (primer hijo) sin ninguna condición para toda la eternidad.

Pues el resultado fue que de 33 personas que se plantearon la utilización de este Wi Fi, seis de ellas, sin saberlo, firmaron el contrato que en principio se presentaba como un sencillo documento estándar para el uso de Wi Fi.

¿Qué hubiese pasado si no se tratase de una empresa de seguridad? Está claro que el tráfico de niños está prohibido, por lo que no prosperaría frente a un Tribunal, pero si en lugar del hijo es el coche…

El peligro de la letra pequeña y el experimento de F-Secure
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