La dependencia a WhatsApp

WhatsApp es sin duda una herramienta fantástica con la que podemos mantenernos en contacto con personas de cualquier parte del mundo. Sin embargo, la dependencia se ha convertido en un auténtico problema a día de hoy. Hoy analizaremos algunas de las razones por las que WhatsApp también cuenta con sus aspectos negativos.

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La dependencia a WhatsApp

La rápida proliferación de WhatsApp

En muy poco tiempo, WhatsApp se ha convertido en una de esas herramientas imprescindibles en la mayor parte de teléfonos inteligentes. Pero el problema no llega a raíz de la aplicación, sino por el hecho de que la mayor parte de usuarios no hace un uso correcto de esta herramienta.

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Aunque no se trata de un sistema para nada nuevo, WhatsApp ha pasado a ser el programa de mensajería más utilizado, y al poder contactar de forma gratuita con nuestros contactos, sin duda empuja a que enviemos más mensajes y sobre todo menos valiosos.

Los síntomas de dependencia a WhatsApp

Para poder saber si sufrimos una dependencia a WhatsApp deberemos tener en cuenta algunos síntomas.

En primer lugar, si cada vez que recibimos un mensaje sentimos la imperiosa necesidad de contestar al momento o de al menos visualizarlo en ese mismo instante, evidentemente hablamos de una pequeña dependencia, ya quedamos una prioridad innecesaria a un mensaje que podremos resolver más adelante.

Además, este comportamiento puede llegar a influir tanto en nuestro trabajo como en nuestra vida social. Por ello siempre se recomienda que en los momentos en los que tengamos que estar centrados en otras tareas, nuestro teléfono debe estar apagado o al menos desconectaremos la aplicación si no somos capaces de evitar la tentación.

Por otra parte, estar siempre pendientes del móvil aumenta considerablemente la posibilidad de accidente, ya sea mientras caminamos o incluso cuando conducimos.

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A la vez que reducen nuestra capacidad de concentración nos lleva a obtener un menor rendimiento tanto en nuestros estudios como en nuestro trabajo.

No olvidemos que no hay nada más molesto que quedar con amigos y que uno de ellos esté por completo enfrascado en la aplicación, ya que lo primero que pensamos es que si no le apetecía estar con nosotros, lo que tenía que haber hecho es quedar en persona con aquellos con los que WhatsAppea.

Otro síntoma de dependencia es el hecho de tener la necesidad de comprobar en todo momento la doble verificación para saber si nuestro mensaje ha sido leído por una tercera persona. Además, esta obsesión nos lleva a malinterpretar situaciones, como otra muestra de síntoma de dependencia a WhatsApp que es el hecho de que nos moleste que no se nos conteste al momento.

A día de hoy hay gente a la que podrías pegarle con un guante en la cara en persona y no le molestaría, pero si no contestas nada más leer su WhatsApp, a ella le estás faltando al respeto, algo que evidentemente es excesivamente absurdo pero demuestra dicha dependencia.

Nuestra conclusión

Evidentemente, WhatsApp puede ser una opción muy rentable en nuestro día a día, pero el hecho de que cada vez haya más adictos exige que los usuarios tomen medidas y establezcan límites a la hora de utilizarlo.

Aunque parezca una tontería, esta dependencia ha llegado a desbaratar incluso vidas completas, fomentando la pérdida de trabajo, accidentes innecesarios, discusiones con amigos y familiares, y en general una serie de problemas más serios de lo que pensamos que más nos valdría haber dejado la aplicación a tiempo si no tenemos capacidad de control sobre ella.

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